La OTAN mantiene un perfil discreto en vísperas de la visita “planificada con antelación” de su secretario general, Mark Rutte, a la Casa Blanca, en un momento en que la guerra de Estados Unidos con Irán profundiza las divisiones dentro de la alianza.
Un funcionario de la organización señaló que Rutte buscará dar continuidad al impulso de la cumbre de La Haya, reforzar la cooperación industrial en defensa entre Europa y EE.UU. y abordar las dinámicas de seguridad actuales, incluyendo el conflicto con Irán y la guerra rusa en Ucrania. Sin embargo, evitó referirse a las recientes declaraciones del presidente Donald Trump y del secretario de Estado Marco Rubio, quienes han cuestionado públicamente si Estados Unidos debería seguir formando parte de la OTAN ante la falta de apoyo de algunos aliados a su ofensiva contra Irán.
Tampoco mencionó que Trump calificó a la alianza como un “tigre de papel” apenas dos días antes, un comentario que ha generado inquietud entre los socios europeos.
La referencia al “éxito” de la cumbre de junio en La Haya se interpreta como un intento de Rutte de mantener una relación cordial con Trump, una estrategia que ha marcado su liderazgo. Aquella reunión quedó marcada por un episodio ampliamente difundido en el que Rutte llamó a Trump “daddy”, gesto que formó parte de un esfuerzo por evitar una ruptura pública en la alianza, reforzado por el compromiso de elevar el gasto en defensa al 5% del PIB.
La visita de Rutte se produce, así, en un clima de fragilidad interna para la OTAN, que intenta proyectar unidad mientras enfrenta presiones inéditas desde Washington.
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