Turquía llegó al Mundial 2026 con una generación considerada de las más prometedoras de su historia reciente, pero su regreso a la Copa del Mundo después de 24 años terminó en una eliminación temprana, dolorosa y marcada por la falta de gol, de funcionamiento y de liderazgo dentro del campo. El equipo de Vincenzo Montella quedó fuera tras perder sus dos primeros partidos del Grupo B, ante Australia y Paraguay, sin haber podido anotar un solo tanto .
Un equipo joven que nunca encontró su juego
Turquía aparecía como una selección con talento, proyección y futbolistas consolidados en Europa, lo que alimentaba la expectativa de que podía ser una de las sorpresas del torneo . Sin embargo, la realidad fue opuesta: el equipo careció de contundencia, no tuvo claridad ofensiva y jamás logró un funcionamiento colectivo estable, incluso dominando largos tramos de los partidos sin profundidad ni eficacia .
Las figuras, muy lejos de su nivel
El golpe más duro para la afición turca fue el bajo rendimiento de sus principales estrellas:
- Arda Güler, del Real Madrid, y Hakan Çalhanoglu, del Inter, no lograron influir en el juego ni encontrar espacios para desequilibrar. Cuando remataron, se toparon con actuaciones brillantes de los arqueros rivales .
- Kenan Yildiz, de la Juventus, llegó con molestias físicas y solo pudo entrar desde el banco. Aportó movilidad, pero no alcanzó para cambiar el rumbo de los partidos .
La falta de liderazgo y de respuestas individuales en momentos críticos terminó siendo determinante.
Australia y Paraguay expusieron todas las carencias
La derrota en el debut ante Australia encendió las alarmas: Turquía dominó, pero no supo romper el orden defensivo y pagó caro cada error .
El segundo partido, ante Paraguay, fue aún más frustrante:
- Recibió un gol al minuto 1 tras un error en la salida .
- Generó 32 remates y jugó todo el segundo tiempo con un hombre más tras la expulsión de Miguel Almirón, pero aun así no pudo marcar .
- La defensa paraguaya, liderada por Gustavo Gómez, Alderete, Cáceres y el arquero Orlando Gill, neutralizó todos los intentos turcos .
El dato que resume el fracaso
Turquía intentó 62 remates en dos partidos —30 ante Australia y 32 frente a Paraguay— sin convertir un solo gol. Sus rivales, en cambio, necesitaron apenas 16 disparos para marcarle tres tantos. Una diferencia brutal que explica la eliminación anticipada de un equipo que llegó con grandes expectativas y se marchó sin respuestas .
Una generación talentosa que no pudo sostener la presión
La convocatoria reunía a jugadores jóvenes de enorme proyección y a figuras experimentadas llamadas a liderar. Pero la selección mostró circulación lenta, dependencia excesiva de individualidades y muy pocas soluciones colectivas cuando los rivales cerraron espacios .
El contraste con el recuerdo de 2002 —cuando Turquía fue tercera del mundo— hizo aún más dolorosa la despedida. Veinticuatro años después, el regreso mundialista terminó siendo una gran decepción .
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