Un nuevo estudio publicado en American Journal of Preventive Medicine concluye que no solo importa cuánto tiempo pasamos sentados, sino qué hacemos mientras estamos sentados. Las actividades sedentarias “mentalmente pasivas”, como ver televisión, se asocian con un mayor riesgo de demencia, mientras que las actividades cognitivamente estimulantes parecen ofrecer protección.
Pasivo vs. activo: una diferencia clave
La investigación siguió a más de 20,000 adultos en Suecia durante casi dos décadas. Los resultados muestran que:
- Actividades pasivas (ver TV, escuchar música sin interacción) → mayor riesgo de demencia.
- Actividades activas (leer, crucigramas, tejer, usar la computadora para tareas cognitivas) → menor riesgo.
Los investigadores estiman que reemplazar una hora diaria de actividad pasiva por una activa reduce el riesgo en 7 %, y combinar actividad física con estimulación mental puede reducirlo hasta 11 %.
¿Por qué ocurre esto?
Según la Dra. Leana Wen, el cerebro necesita desafíos constantes para mantener conexiones neuronales y fortalecer la llamada reserva cognitiva, que ayuda a compensar el deterioro con la edad. Las actividades pasivas prolongadas también pueden reducir el flujo sanguíneo cerebral y afectar el sueño, otro factor clave para la salud cognitiva.
¿Qué actividades ayudan a proteger el cerebro?
El estudio sugiere incorporar actividades que exijan participación mental:
- Lectura
- Crucigramas y rompecabezas
- Juegos de estrategia
- Pasatiempos creativos (tejer, dibujar, escribir, tocar música)
- Aprender nuevas habilidades o idiomas
- Conversaciones y actividades sociales
Actividad física + actividad mental: la combinación ideal
Aunque el estudio se centra en el comportamiento sedentario, la evidencia es clara: la actividad física sigue siendo fundamental para reducir el riesgo de demencia. La combinación de ejercicio y estimulación cognitiva ofrece los mejores resultados.
Conclusión
La investigación refuerza la idea de que pequeñas decisiones diarias —como cambiar una hora de televisión por lectura o un pasatiempo activo— pueden tener un impacto significativo en la salud cerebral a largo plazo.
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