Pumas vivió una noche de emociones intensas en su primera victoria de la era Efraín Juárez–Keylor Navas ante el América, un triunfo agónico decidido por un penal en tiempo de compensación que desató la euforia en el Estadio Olímpico Universitario.
Un Clásico vivido al límite
Desde el inicio, Efraín Juárez dirigió con una energía desbordada, sin sentarse un solo minuto y exigiendo al máximo a sus jugadores. El técnico no quería repetir el doloroso 4-1 del torneo anterior y apostó por una alineación ofensiva con tres centros delanteros.
En paralelo, Keylor Navas mostró serenidad absoluta. Recién renovado, fue ovacionado por la afición y respondió con liderazgo y seguridad bajo los tres palos, ordenando a una defensa que jugó con una línea central poco habitual.
Un partido cerrado y tenso
Ambos equipos generaron pocas oportunidades claras, lo que incrementó la frustración en el banquillo universitario. Juárez gritaba, corregía y alentaba; Navas mantenía la concentración y motivaba a sus compañeros incluso cuando el equipo no tenía la posesión.
El penal que cambió todo
En tiempo de compensación, el VAR llamó al árbitro César Arturo Ramos para revisar una falta en el área americanista. Tras la confirmación del penal, Juárez explotó en celebración con su cuerpo técnico, mientras Navas miró al césped y luego al cielo, consciente del momento decisivo.
Robert Morales asumió la responsabilidad y convirtió desde los once pasos. El gol borró el recuerdo del 4-1 anterior y selló la primera victoria de Juárez y Navas en un Clásico Capitalino.
Un cierre emotivo
Tras el tanto, Juárez protagonizó un festejo especial con su hijo, mientras Navas celebraba con la grada, consolidando una noche que marcó el inicio de una nueva etapa para Pumas.
REDACCION
