El Bayern Múnich se acercó a las semifinales de la Champions League tras ganar este martes al Real Madrid en el estadio Santiago Bernabéu, en el partido de ida de los cuartos de final (1-2).
Echada a perder la Liga ante el Mallorca, el Real Madrid dio un paso adelante para terminar otra temporada en blanco con una dolorosa derrota frente al Bayern, que desnudó al equipo de Arbeloa, sin mucho fútbol y con un exceso de épica que no bastó para contrarrestar una actuación estelar de Neuer que coronaron con sus tantos Luis Díaz y Kane.
A los muy dados a buscar señales, la tormenta que descargó sobre el Santiago Bernabéu una hora antes del partido no fue casualidad, fue un prólogo. El cielo avisaba de que lo de Son Moix no había sido un tropiezo aislado, sino el inicio de una cuesta abajo. Afuera caía el diluvio; dentro, bajo techo, el Madrid vivía en una burbuja tibia, como si los problemas pertenecieran siempre al exterior, a un mundo que no termina de entrar en Chamartín.
el Madrid es hoy un equipo sin director de orquesta. Las ausencias de Modric y Kroos pesan como una losa antigua, de esas que no se levantan con voluntad. Sin ellos, el equipo vive al día, a la carrera, al error del rival. No hay pausa ni brújula, solo vértigo. Y así es difícil gobernar partidos grandes.
Aun así, el Madrid amagó. Dos zarpazos de Mbappé y una aparición de Vinícius toparon con Neuer, que convirtió sus propias dudas con el balón en tres paradas de veterano ilustre. Fue un espejismo. Porque el partido tenía dueño, y hablaba alemán.
El alemán era un gigante que paraba todo. O casi todo, porque a falta de veinte minutos, por fin, Mbappé consiguió atravesar su muralla. Eso sí, con incertidumbre, porque Neuer, en un remate a bocajarro, aún se atrevió a despejar la pelota contra el larguero. Luego la pelota se fue dentro y acabó con su resistencia para que el Real Madrid tocara arrebato. Quedaban veinte minutos.
Ya no pudo ser. Los fantasmas del City, Chelsea y PSG, cercanos sufridores de milagros imposibles, no atenazaron al Bayern. Un buen dibujo en la primera parte, la efectividad de Kane y de Luis Díaz y, sobre todo, una noche espectacular de Neuer, desataron la tormenta en el Bernabéu. Pero dentro, bajo techo, no fuera, como la que antes presagió la caída de los hombres de Arbeloa, al borde del abismo en la Liga de Campeones.
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