Imágenes satelitales muestran un incremento significativo de trabajos en Pickaxe Mountain, un complejo subterráneo ubicado cerca de Natanz. Washington analiza cómo neutralizar instalaciones profundamente enterradas mientras crece la tensión con Teherán.
Washington.– La actividad de construcción se ha incrementado de manera considerable en Pickaxe Mountain, una instalación subterránea iraní ubicada cerca del complejo nuclear de Natanz, de acuerdo con análisis recientes de imágenes satelitales que han despertado nuevas preocupaciones sobre el programa nuclear de Teherán.
El complejo, excavado bajo una montaña y fuertemente protegido, se ha convertido en uno de los principales focos de atención de Estados Unidos en medio de la guerra con Irán. Las imágenes muestran un aumento de los trabajos de construcción durante 2026, mientras Washington busca determinar qué actividades se están desarrollando en el interior.
La instalación resulta especialmente relevante porque se encuentra profundamente enterrada y podría estar diseñada para proteger infraestructura nuclear frente a ataques aéreos convencionales.
Una instalación difícil de alcanzar
Pickaxe Mountain se localiza aproximadamente a 1.5 kilómetros al sur de Natanz y está excavada dentro de una formación montañosa. El sitio comenzó a desarrollarse años atrás y, debido a su ubicación subterránea, los inspectores internacionales no han podido acceder directamente a sus instalaciones.
Analistas han señalado que la profundidad y las características geológicas del complejo podrían hacerlo considerablemente más difícil de destruir que otras instalaciones nucleares iraníes.
La preocupación de Washington aumenta porque la actividad observada desde el espacio podría indicar que Irán está ampliando o reforzando las instalaciones en momentos en que el programa nuclear del país se encuentra bajo una intensa vigilancia internacional.
Trump ya amenazó con atacar el sitio
El presidente estadounidense, Donald Trump, anunció el pasado 4 de septiembre que Estados Unidos podría atacar próximamente Pickaxe Mountain, en una señal de que el complejo forma parte de las opciones militares que Washington está considerando.
La advertencia se produjo después de que ataques anteriores dañaran instalaciones nucleares iraníes, pero dejaran incertidumbre sobre la situación de algunas estructuras subterráneas.
El desafío para el Pentágono consiste en determinar si las armas disponibles pueden alcanzar efectivamente los objetivos situados bajo la montaña. Un ataque que no consiga destruir el complejo podría, además, provocar una nueva escalada militar con Teherán.
EE.UU. busca opciones contra instalaciones profundas
Ante la dificultad de alcanzar este tipo de instalaciones, Estados Unidos estaría explorando nuevas capacidades para atacar objetivos profundamente enterrados.
Entre las opciones analizadas se encuentra el desarrollo de un nuevo tipo de penetrador destinado a superar estructuras subterráneas reforzadas. El objetivo sería proporcionar a Washington una capacidad adicional frente a instalaciones que se encuentran fuera del alcance efectivo de algunas armas convencionales.
El problema es que incluso las armas estadounidenses más poderosas enfrentan limitaciones cuando el objetivo se encuentra a gran profundidad y protegido por cientos de metros de roca.
La incógnita del uranio enriquecido
La actividad en Pickaxe Mountain adquiere mayor relevancia por la incertidumbre sobre el destino del material nuclear iraní.
Antes de los ataques, el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) estimaba que Irán contaba con 440.9 kilogramos de uranio enriquecido al 60%, un nivel muy cercano al utilizado para fabricar armas nucleares si se somete a un enriquecimiento adicional.
Actualmente, el organismo internacional no puede verificar plenamente qué ocurrió con esas reservas ni determinar con certeza el estado de todas las instalaciones afectadas por los ataques, debido a las restricciones impuestas al acceso de los inspectores.
La situación llevó incluso a que la Junta de Gobernadores del OIEA aprobara una resolución para remitir nuevamente el caso iraní al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, algo que no ocurría desde hacía dos décadas.
¿Qué planes tiene Estados Unidos?
Washington enfrenta ahora varias alternativas: aumentar la presión diplomática, exigir nuevamente el acceso de los inspectores internacionales o recurrir a una nueva operación militar contra instalaciones que considere una amenaza.
El problema es que un ataque contra Pickaxe Mountain podría desencadenar una respuesta iraní contra fuerzas estadounidenses, Israel o aliados de Washington en Medio Oriente, ampliando todavía más una guerra que ya ha afectado la infraestructura energética y el transporte marítimo regional.
Además, cualquier nueva ofensiva podría repercutir directamente en los mercados internacionales de petróleo. La incertidumbre en torno al estrecho de Ormuz ya ha provocado fuertes aumentos en el precio del crudo.
Una carrera contra el tiempo
El incremento de las obras en Pickaxe Mountain plantea una nueva preocupación para Estados Unidos: si Irán está utilizando el periodo de guerra para reforzar una instalación que posteriormente sea todavía más difícil de atacar.
Para Washington, el dilema es complejo. Una operación militar podría intentar impedir que el complejo alcance una capacidad mayor, pero también podría acelerar una escalada regional de consecuencias impredecibles.
Mientras tanto, las imágenes satelitales mantienen a Pickaxe Mountain bajo escrutinio. La construcción continúa y Estados Unidos deberá decidir si recurre a la fuerza antes de que el complejo sea aún más difícil de penetrar o si apuesta por una salida diplomática que permita recuperar el acceso de los inspectores internacionales.
Por ahora, una cosa parece clara: la instalación subterránea se ha convertido en uno de los puntos más delicados de la confrontación entre Washington y Teherán.
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