La Habana vivió un fin de semana de fuerte tensión social marcado por cacerolazos y una protesta estudiantil inusual, en medio de una crisis energética que se ha intensificado en Cuba. La escasez de combustible y los apagones prolongados —que ahora pueden durar días— han provocado que muchos residentes salgan a las calles golpeando ollas y cacerolas, clamando por “libertad” en barrios completamente a oscuras.
La situación se agravó tras una avería en la central termoeléctrica Antonio Guiteras, que dejó sin electricidad a unos seis millones de personas y obligó a suspender clases y actividades en La Habana. El gobierno atribuye la crisis a las restricciones en el suministro de combustible, especialmente tras la captura de Nicolás Maduro en Venezuela y la presión de EE.UU. sobre México, lo que ha interrumpido los envíos de petróleo a la isla.
En paralelo, estudiantes de la Universidad de La Habana realizaron una sentada pacífica para denunciar cómo los apagones y el encarecimiento del internet afectan su educación. Aunque discreta, la protesta fue significativa en el contexto cubano, donde las manifestaciones públicas son poco comunes y pueden acarrear sanciones.
Mientras tanto, el presidente Donald Trump declaró que “Cuba va a caer pronto”, en medio de un embargo petrolero que ha profundizado la crisis económica del país.
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