La presión internacional sobre Cuba aumenta en medio de una crisis interna marcada por la escasez de petróleo, apagones y descontento social. En apenas mes y medio, al menos cuatro países de América Latina y el Caribe —Honduras, Guatemala, Jamaica y Guyana— han puesto fin a su colaboración con las brigadas médicas cubanas, uno de los programas insignia y fuente clave de ingresos para La Habana.
El giro comenzó en Honduras, donde el nuevo gobierno de Nasry Asfura abrió una investigación por presuntas irregularidades en el programa. Poco después, la brigada cubana abandonó el país. Guatemala anunció el fin gradual de la cooperación el 10 de febrero, argumentando que fortalecería su propio personal sanitario. En Jamaica, la suspensión se produjo tras no alcanzar un acuerdo con Cuba, mientras La Habana denunció presiones de Estados Unidos. Guyana se sumó esta semana, alegando que Cuba retiró a su personal ante nuevos requisitos exigidos por Georgetown.
Otros países caribeños, como Dominica, también evalúan modificar los términos de colaboración.
Estados Unidos ha intensificado sus críticas, calificando el programa como una forma de “trabajo forzado” y exhortando a otros gobiernos a tratar a los médicos cubanos como individuos y no como “mercancías”.
Las brigadas médicas, activas desde los años 60, han sido defendidas por Cuba como un instrumento de cooperación internacional, pero organizaciones civiles y gobiernos han denunciado explotación laboral y posibles actividades de inteligencia encubiertas.
El contexto regional también influye: la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro —principal aliado y proveedor de petróleo de Cuba— ha dejado a la isla en una situación energética crítica. México, que había asumido temporalmente el suministro, suspendió sus envíos tras presiones de Washington.
Analistas consideran que Estados Unidos busca ejercer “máxima presión” sobre el gobierno de Miguel Díaz-Canel, en un escenario que evoluciona rápidamente y que podría redefinir la posición de Cuba en la región.
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