Un mes después del estallido de la guerra en Irán, el mundo enfrenta no solo una crisis energética, sino una escasez creciente de productos esenciales. La interrupción del flujo de petróleo y gas a través del estrecho de Ormuz —que ha reducido la oferta global en casi una quinta parte— está desencadenando un efecto dominó que golpea a industrias, consumidores y gobiernos.
De la energía a los bienes cotidianos
El conflicto ha disparado los precios del combustible y ha reducido drásticamente la disponibilidad de productos petroquímicos, fundamentales para fabricar plástico, caucho, poliéster y otros materiales presentes en artículos tan comunes como ropa, envases, juguetes, cosméticos y alimentos procesados.
Asia, epicentro de la manufactura mundial, es la región más afectada:
- Corea del Sur vive compras compulsivas de bolsas de basura y restricciones al uso de desechables.
- Taiwán habilitó una línea de emergencia para fabricantes sin acceso a plástico.
- Japón teme interrupciones en tratamientos de hemodiálisis por falta de tubos médicos.
- Malasia advierte riesgo global de escasez de guantes médicos.
Inflación al alza y presión económica
La falta de materiales está elevando los costos de producción y empujando la inflación global. El FMI advierte que el mundo enfrenta un escenario de precios más altos y crecimiento más lento, justo cuando muchas economías tienen poco margen para absorber nuevas perturbaciones.
El impacto se extiende a sectores clave:
- Fertilizantes y alimentos
- Electrónica y semiconductores
- Logística y transporte
- Productos médicos y farmacéuticos
La nafta, el punto crítico
Aunque varios países han liberado reservas estratégicas de petróleo, el mayor problema es la escasez de nafta, subproducto esencial para fabricar materiales sintéticos y sin sustituto viable. Empresas petroquímicas en Asia han reducido producción o declarado fuerza mayor, mientras Corea del Sur recurrió a importar nafta rusa por primera vez desde 2022.
Precios récord y riesgo de desabasto
Los precios de las resinas plásticas en Asia han subido hasta 59 %, alcanzando máximos históricos. En Tailandia, las bolsas de celofán aumentaron 10 %. En India, el precio de los tapones de plástico se cuadruplicó. Fabricantes de alimentos y bienes de consumo advierten que sus inventarios podrían agotarse en semanas.
Un panorama incierto
Analistas señalan que la crisis avanza “de este a oeste”, replicando el patrón de disrupción visto durante la pandemia. Incluso si el estrecho de Ormuz reabre pronto, la normalización del mercado del plástico podría tardar meses.
La combinación de guerra, escasez de materias primas y presión inflacionaria dibuja un escenario global frágil, con efectos que ya se sienten en hogares, industrias y cadenas de suministro en todo el mundo.
REDACCION
