Cuando Hans Christian Andersen publicó su cuento “El traje nuevo del emperador”, en 1837, Dinamarca, su país de nacimiento, llevaba ya 61 años, desde 1776, ejerciendo soberanía sobre Groenlandia, la isla más grande del mundo. Ese año, 1776, es el mismo en el que las 13 colonias británicas de América del Norte declararon su independencia de Gran Bretaña. Unos 250 años después, el cuento de Andersen reitera su validez, con Groenlandia como parte del trasfondo.
El eje del cuento no es la vanidad del emperador, quien vive para su ajuar. No, el relato expone la debilidad de sus subalternos que, por temor a perder sus privilegios, no le dicen la verdad: un par de estafadores lo engañaron prometiéndole un traje exclusivo que no existe y por eso no se ve, pero lo convencen de que solo los sabios y virtuosos pueden ver tan extraordinaria tela. Así, el emperador desfila desnudo y nadie le dice lo evidente por no llevarle la contraria. En el caso de Trump, es también una oportunidad.
Asesores como Stephen Miller, vicesecretario de la presidencia para política pública, no solo imponen la agenda del mandatario sino la suya propia; en definitiva, esos consejeros son como quienes le prometieron el traje al rey.
Miller es considerado el arquitecto de las redadas de inmigración y de la estrategia hacia Venezuela.
En entrevista con CNN declaró sobre Venezuela: “Somos una superpotencia y bajo el presidente Trump nos comportaremos como una superpotencia. Es absurdo que permitamos que una nación en nuestra trastienda supla con recursos a nuestros adversarios y no a nosotros, que acumule armas de nuestros adversarios, que pueda posicionarse con como un activo contra Estados Unidos, en vez de a favor de Estados Unidos”. Bajo ese principio, justificó las acciones contra Nicolás Maduro y la retórica sobre Groenlandia.
Thom Tillis, senador republicano por Carolina del Norte, quien recuperó la candidez que no poseen muchos de sus colegas tras anunciar que no buscará la reelección, fustigó a Miller sin nombrarlo en el pleno del senado. “Estoy cansado de lo estúpido. Quiero que este presidente reciba buenos consejos, que tenga un buen legado y esta tontería sobre Groenlandia es una distracción del buen trabajo que hace, los principiantes que dijeron que era una buena idea deberían perder sus empleos”.
Una presidencia imperial
A diferencia del primer mandato, el Gabinete se ha mantenido estable en este primer año de la segunda presidencia del volátil Trump. Figuras como Miller – cuya seguridad laboral no está en duda- lo entienden bien y se refieren a él en términos que se asemejan a la definición del diccionario de la Real Academia de “emperador”: un “soberano que gobierna sobre otros reyes o grandes príncipes, o en un extenso territorio”.
Al iniciar su segundo mandato, Trumo reclamó a Canadá como el estado 51, exigió la devolución del Canal de Panamá y puso la mira en Groenlandia, territorio que, un año después de volver a la Casa Blanca, afirma que tomará “por las buenas o por las malas”. Esto último a pesar de que la isla es uno de los tres países que conforman el reino de Dinamarca, aliado histórico de Estados Unidos y miembro de la OTAN, cuyo artículo quinto establece que un ataque contra un integrante será respondido por los demás.
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