XICO, VERACRUZ — Las calles de este Pueblo Mágico volvieron a transformarse en un escenario vibrante de fe, música y tradición, donde cientos de danzantes y floreros reafirmaron una celebración que ha sobrevivido generaciones. La festividad en honor a Santa María Magdalena es uno de los rituales más emblemáticos de la región, mezcla viva de raíces indígenas, herencia española y devoción católica.
La jornada inició con la llegada de los danzantes, hombres, mujeres y niños que recorrieron las calles con trajes multicolores y máscaras artesanales, moviéndose al ritmo del repique de la música tradicional y el estallido de cohetes, un ambiente descrito como un auténtico mosaico de historia y color .
La Recepción de los Floreros: corazón de la tradición
Uno de los momentos más esperados fue la Recepción de los Floreros, ceremonia que marca el inicio de la elaboración del monumental arco floral dedicado a la patrona del pueblo. Los floreros —habitantes que regresan de las zonas boscosas— llegaron cargando flor de cucharita, chimal, tencho y bejuco, materiales esenciales para confeccionar la ofrenda principal de las fiestas patronales .
Su llegada es recibida con música, danzas y la participación de músicos y mayordomos, quienes mantienen viva una tradición que une a toda la comunidad.
Un encuentro que preserva identidad y memoria
Cuando todas las danzas características se reúnen en Xico, la celebración adquiere una dimensión única: un encuentro donde conviven costumbres ancestrales, devoción religiosa y un profundo sentido de pertenencia. La fiesta, que se realiza a 35 minutos de Xalapa, es considerada una de las expresiones culturales más importantes del estado, capaz de convocar a familias enteras y visitantes que buscan experimentar la riqueza cultural veracruzana .
Una tradición que resiste al tiempo
La elaboración del arco floral y la participación de los danzantes no solo representan un acto de fe, sino también un esfuerzo comunitario por preservar una tradición centenaria. Cada año, Xico demuestra que su identidad se sostiene en la fuerza de sus rituales, en la dedicación de sus habitantes y en la belleza de una celebración que combina naturaleza, arte y espiritualidad.
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