LONDRES — El político británico Andy Burnham fue confirmado este viernes como nuevo líder del Partido Laborista, lo que lo convertirá en el próximo primer ministro del Reino Unido cuando suceda a Keir Starmer el lunes. La designación llega tras una década marcada por una profunda inestabilidad política en el país.
Un ascenso que se venía gestando
Aunque la confirmación oficial llegó este viernes, Burnham ya era considerado el líder en espera desde que ganó la elección parcial de Makerfield, que le permitió regresar al Parlamento y posicionarse como la alternativa para encabezar al Labour.
Los malos resultados del partido en las elecciones locales de mayo aceleraron la presión interna para reemplazar a Starmer, cuya popularidad se había desplomado pese a haber logrado una victoria electoral contundente dos años antes.
La maniobra que abrió el camino
El aliado de Burnham, Josh Simons, renunció a su escaño en Makerfield para permitir la candidatura del exalcalde de Manchester. Burnham ganó la contienda en un distrito clave donde el partido populista de derecha Reform UK ha crecido con fuerza.
Ese triunfo convenció a los diputados laboristas de que Burnham podía enfrentar el avance de Reform en las próximas elecciones generales. La elección interna se convirtió rápidamente en una coronación, con el respaldo de una mayoría abrumadora de los 403 legisladores del partido.
Una carrera política de largo aliento
Burnham, quien ya había sido diputado entre 2001 y 2017, formó parte de los gabinetes de Tony Blair y Gordon Brown, y fue secretario de Salud. También compitió dos veces por el liderazgo del Labour sin éxito.
En 2017 regresó al norte de Inglaterra para convertirse en el primer alcalde del Gran Manchester, donde ganó notoriedad como figura crítica de Westminster y defensor de la descentralización, lo que le valió el apodo de “El Rey del Norte”.
Los desafíos que enfrentará en Downing Street
Burnham llega al poder con un mensaje claro: descentralizar el poder y fortalecer los servicios públicos. Sin embargo, deberá financiar sus promesas en medio de las mismas restricciones presupuestarias que limitaron a Starmer.
Entre los retos inmediatos están:
- La revisión de los costos de la seguridad social prevista para otoño.
- Las reformas migratorias que avanzan en el Parlamento.
- La compleja relación con la administración de Donald Trump, a la que Burnham ha criticado.
- Tensiones con EE.UU. por la intención laborista de prohibir redes sociales a menores de 16 años.
Además, deberá enfrentar un entorno económico marcado por las secuelas del Brexit, la pandemia y la crisis energética derivada de la guerra en Ucrania.
Un país que exige cambio
Burnham asume el cargo en un Reino Unido que, según analistas, clama por un rumbo distinto. Su capacidad para generar ese cambio dependerá tanto de su liderazgo como de factores externos que escapan al control del gobierno.
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